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| Foto: Tomada de Rolando Soler |
Por Marilyn Rebollo
En los últimos días hemos sido partícipes de momentos inesperados en el deporte que han marcado la historia de muchos personajes importantes en este ámbito.
Vimos a un Messi derramando lágrimas por fallar un penal en la final de la Copa América; a un Cristiano Ronaldo sufriendo del dolor por salir lesionado del campo en plena final de la Euro; y a un Novak Djokovic envuelto en llanto al ser eliminado en la primera ronda de Río 2016.
Quizá estos no pertenecen al escuadrón mexicano, pero demuestran que hasta el mejor falla, que son humanos y aunque se esfuercen día a día por conseguir su cometido también tienen errores en situaciones de gran importancia.
Me atrevo a decir que en México somos creyentes de una misma figura, y no, no hablo de religión. Me refiero al deporte, en el que creemos que sólo hay un salvador por cada equipo o competencia.
Tenemos tanta confianza en íconos como Aída Román, María del Rosario, Paola Espinosa, Oribe Peralta, Hirving Lozano... en fin, que cuando éstos llegan a fallar en sus disciplinas cometemos el error de señalarlos como los culpables.
Entre ayer y hoy la mayoría de los atletas mexicanos que están en las Olimpiadas de Río 2016 han sido descalificados en sus diferentes competencias y se les ha recriminado. Pero ellos no tienen deuda con nosotros, como lo mencionó la arquera Román después de su derrota. Ni siquiera la tienen con el país.
Todos los deportistas, del ramo que sea dedican su vida para participar en competencias de esta magnitud y ganar medallas, pero no lo hacen por México, lo hacen por cumplir metas propias; que su esfuerzo se vea recompensado.
No digo que no estén orgullosos de ser mexicanos, pero cualquier persona en el trabajo que sea siempre lucha por ser mejor y la mayoría de las ocasiones alguien con capacidades más desarrolladas se queda con puestos importantes. Y no es porque no hayamos dado todo nuestro potencial, al contrario se da lo mejor de uno.
Estos deportistas regresan a casa con los reclamos de la gente y su ánimo por seguir decae cuando se les debe dar apoyo por hacer su mayor esfuerzo.
Se debe dejar de culpar a uno solo, porque cualquier actividad requiere de un equipo; en este caso de entrenadores, familiares y amigos de los atletas. Eso de poner la confianza en un jugador, en un gimnasta o en un esgrimista para salvar a toda una selección será siempre un error.
Por esta misma dependencia que se tiene dentro del deporte mexicano no se debe demeritar el trabajo de competidores como Kosovo, Fiyi o los refugiados, porque ante nuestro país han demostrado que hacen lo mejor por encarar a las grandes figuras.
En conclusión, el día en que la Conade y la sociedad deje de confiar en ciertos personajes y se comience a valorar el esfuerzo del equipo que se prepara para esta justa deportiva habrá esas medallas tan anheladas que al final no se le deben a un país, sino a quienes luchan día con día para conseguirlas.

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